Luz en medio del caos: «La radio nos ha despertado»

En el número 2 de la calle Miguel de Cervantes, en Alpedrete, se alza orgullosa la Residencia y Centro de Día Los Llanos Vital. Sus moradores han conseguido el Premio Ondas a la Mejor Idea Radiofónica, bajo el cielo impávido de un Madrid que no ha conseguido olvidar su historia. El pasado 17 de marzo, en pleno estado de alarma y mientras la pandemia golpeaba con fuerza a nuestro país, los mayores, el colectivo con el que más se ha cebado el Covid-19, pusieron en marcha un programa especial telemático de Radio Vital. El parón obligado por la terrible situación sanitaria no fue suficiente para callar sus voces y sus ganas de vivir.

«La radio era un taller de éxito del centro que llevábamos desarrollando hace años, pero en el momento del cierre de las residencias, cuando los mayores no podían salir ni recibir visitas, dudamos entre suspenderlo o seguir con su continuidad», cuenta a ABC Esther García, directora de Los Llanos Vital. Al final, se decantaron por la segunda opción: «Pensamos que podía servirles para desahogarse y liberarse al contar lo que estaba ocurriendo aquí dentro, en un momento tan duro de aislamiento». Así, refugiados, sin poder contactar con sus familiares y el mundo, crearon el especial de Radio Vital, un puente con el exterior -y con el interior-, mediante el cual se han conocido un poco más a ellos mismos. «Más que material, la experiencia ha sido espiritual», revela Maribel Galbeño, de 83 años.

Una vía de escape que también sirvió para que los familiares de los ancianos estuvieran al corriente de cómo estos vivían la situación, conocieran sus estados de ánimo y pudieran escucharles. «Ha sido una actividad terapéutica para ellos y sus familias», reconoce Esther. Ahora, los residentes se han convertido en los protagonistas del medio que siempre les acompañó en sus vidas: la radio. Capitaneados telemáticamente por Darío Novo, periodista de la cadena Cope que impartía el taller, se conectaban por teléfono móvil y mediante videoconferencia organizaban el programa. Como resultado, un total de cinco emisiones de aproximadamente una hora de duración, en las que los mayores realizaban tertulias, analizaban la actualidad, compartían su día a día, hacían entrevistas a los trabajadores y residentes del centro e incluso, reivindicaban los aspectos que creían mejorables. «Uno de los objetivos era que se diesen noticias desde un punto de vista positivo. Adaptándonos a estas circunstancias tan especiales que nos han tocado vivir», expone la directora. «Hemos hablado de todo, desde Miguel Delibes hasta la tortilla de patatas. Ha sido muy bonito y humano», recuerda Lucía Dutch, integrante del grupo.

Para hacerlo más «personal», cada programa terminaba con una de sus poesías, que ella misma recitaba. La anciana, aprovechaba sus ratos de confinamiento en la habitación para hacer lo que «desde que tenía seis años» le ha gustado: escribir. «Escribiendo me sentía un poco menos sola», desvela, algo emocionada. Y la radio también le ha dado ese espacio. «Ahora escribo con mucha más libertad. Con 85 años me atrevo a decir hasta palabrotas», comenta entre risas.

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Y entonces, la locura. Casi ocho meses desde que se emitiera el primer programa, los participantes solo tienen palabras de agradecimiento por todo lo que han vivido. Una experiencia que aúna la destreza de la veteranía y la ilusión de la primera vez. Y que ahora, se ha materializado en un premio Ondas. «La radio nos ha despertado», aseguran. «No te puedes hacer una idea de lo contentos que estamos porque estas cosas las ves en televisión y piensas que nunca te van a pasar a ti», confiesa Genoveva Jiménez, que a sus 95 años considera esta una de las cosas más bonitas que le han podido ocurrir: «¡Figúrate! A mi edad conseguir un premio de esta categoría. Impensable», exclama, mientras sus ojos desvelan la sonrisa que la mascarilla no deja ver. «Es una locura, estamos fuera de nuestro sitio y mientras el cuerpo aguante, aquí seguiremos», agrega una entusiasmada Maribel. Un lugar para hablar, reflexionar, olvidar los problemas y, al mismo tiempo, recordar: «Para los que carecemos de memoria ha sido complicado acordarnos de los nombres de los escritores, etc., pero Darío nos ha ayudado muchísimo», explica Lucía. Porque para ellos, lo importante va más allá del premio: «Alguien nos estaba haciendo caso y creía en nosotros», asevera la octogenaria. El teléfono no ha parado de sonar… «¡Todo el mundo está tan ilusionado como nosotros!».

Y de esta forma, consiguieron acercarse a los que están lejos. Un galardón que simboliza muchas cosas, porque al final «la radio es mucho más de lo que se ve». Un reconocimiento a la idea más original pero también al valor, el amor, el esfuerzo y el trabajo. El de ellos, los más castigados. La generación que levantó nuestro país y que ahora se ha encontrado con la peor versión. Un premio del que también forman parte los que el virus, por desgracia, se ha llevado, pero que están presentes. Sus recuerdos, sus voces… Porque lo que se recuerda, nunca muere: «Esto también va por ellos»

Vía: https://www.abc.es/

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